Todo el mundo dice lo mismo: las crisis son una fantástica situación para generar oportunidades. Y que “has hecho lo mejor arriesgando y luchando”, también se escucha mucho. Esto siempre te lo dice gente que se esconde detrás de mesas de ordenador y cerros de papeles, mientras mueven informes de aquí a allí.
El otro día, leyendo sobre el accidente del avion de Air France, el articulista explicaba que las catástrofes aéreas nunca son debido a una causa, sino a la confluencia de muchas pequeñas situaciones que encaminan al fatal desenlace. Lo mismo, pero en sentido contrario, parece ser el éxito, un cúmulo de detalles que te pone en el punto de mira del estrellato.
Hoy mi sobrino, de 19 años, “se me ha aparecido” en facebook, huyendo de tuenti, que ya es cosa de niños y él y sus amigos, ya son mayores. Ahogando una carcajada en la discreción del mail, pienso en el éxito rotundo y mayúsculo de Tuenti, arrollador. Como lo era Myspace hace… ¿dos años? El otro día, despedía a gente.
Desde el momento en el que alcanzas la cumbre, supongo que es difícil saber si te queda mucho o poco tiempo de dominar y controlar, y disfrutar, de ese éxito arrollador. Ese momento en una empresa se hace carne cuando los clientes y anunciantes aporrean tu puerta a dos manos pidiendo que les concedas audiencia y seas bueno y aceptes su dinero. ¡Qué momento, Dios! Y enseguida, ¿dos años como el de myspace?, ese momento pasa y piensas en todo esa potencia no monetizada, no hecha dinero, que no nos engañemos, significa el éxito.
Y “De momento”, así estoy yo, planeando nuestro camino hasta llegar a “el momento”, rezando para que dure y nos demos cuenta de que, ese dulce instante de oro, nace para terminar. Ojalá nos nazca, de cualquier modo, a nosotros, nuestro momentazo!
