No tengo tiempo. Ni yo ni creo que nadie. Vamos tan deprisa que para qué leer, analizar, profundizar… en fin. Que me leas solo los titulares. De ahi que sea toda una ciencia “titular” un artículo: si atrapa, te lees el resto. Hay veces que son tan buenos que no tienen nada que ver que el resto del artículo… ¿Y de las personas? ¿Qué pasa con los titulares que damos nosotros mismos? Yo creo que un titular es, y son, tus gestos. Lo que haces, lo que dices. A las reuniones que vas (y las que no vas). Me pregunto cuántas veces nos queda por oir eso de “me has entendido mal” o “tienes una percepción equivocada… yo en realidad lo que quería decir era…” . Lo primero que se aprende en comunicación es que no importa el mensaje que mana del emisor, sino el que le llega al receptor.

Me encanta cómo lo hace de bien Obama. Todo es un símbolo en él. La biblia sobre la que juró, el color del traje del Presidential Ball de ella… TODO. No hay puntada sin hilo en un momento en que todo, absolutamente todo, importa. Entre él, Michelle y las niñas se reparten las portadas dando pequeñas gotas de información en el que se cuenta el trabajo, la seriedad, la fortaleza como familia. Todos juntos a una. Con una alternancia casi elegante, Tenemos a Michelle en Vogue, luego Husse en Vanity Fair, después en People toda la familia cuenta que ya tienen perrito. Y la CNN recoje la importancia del debate sobre nombre de la Primera Mascota: parece ser que no les gusta Moose.
Por cierto, el perro elegido es un portuguese water dog , que para nosotros siempre sera Pipin, el perrito que terminó haciendo la maleta y yendose a otra casa porque su amito prefería ver la tele a jugar y estar con él.
Ayer, después de compartir con medio mundo el juramento de Obama en Facebook y CNN -increible, por cierto la integración- estuve curioseando la página de la Casa Blanca. Como en el fondo soy un cotilla, me fui directo a ver qué decían de Michelle y las niñas. Y la definición que da de la Primera Dama es que es “la madre de sasha y malia”. Toma ya. No se puede ser más perfecto – en el sentido de perfección americana. Una mujer que renuncia a todo lo que es ser persona para convertirse en “únicamente” madre. Señores, como dirá algún periódico, estamos ante una nueva Mamie Einsenhower. Algo asi como la uber-mujer: admiradora de su marido, super madre de sus hijos, femenina hasta dejar salado un azucarero… en fin, lo que cualquier paleto de Arkansas piensa que una mujer debe ser.

Tirando de memoria, recordé el cambio que obligaron a hacerse a Hillary Rodham Clinton, actual Super Secretaria de Estado, en la campaña de 1992, uando su maridete concursaba para ser Presidente. Pelo mas largo, mas rubio, diadema y cara de idiota. (el artículo del new york times no tiene desperdicido). Tuvo que pasar un proceso algo asi como de edulcoración en toda regla. Y nada más de comentarios como “¿qué quereis que haga? que me quede en casa haciendo galletas y sirviendo té?”. Fue tal escándalo, que se publicó una r
eceta de Galletas de chocolate, de esas que solo verlas engordan, que tienen hoy tanto éxito que Hillary las larga para asegurar su femeneidad. Toma ya. Y no hay pocas páginas de cocina americana que las referecian como las mejores galletas de chocolates jamás publicada.
Mis padres tienen una casa en el campo rodeada de nada que no sean bichos, encinas y jara. Por no haber, no hay ni cobertura. Sí: pertenecemos a ese por ciento restante que responde a la linea publicitaria de “con casi un 95% de cobertura del territorio nacional”. Cuando llego siento la ansiedad de la desconexión: ¿mi twitter, por Dios? ¿Qué estará diciendo qué y quién? Mi hermano y yo nos reimos imaginando a mi padre tirándole piedras al repetidor, para asegurarse de que nadie nos molesta. Sólo nos queda lijar muebles, recoger algún tomate, jugar a las cartas y dar cuenta de ricas chacinas extremeñas. ¡Esto sí que es un planeta!
Internet es ahora claramente un extra en nuestra vida. Aunque si no hubiera, tendría que cambiar radicalmente la mía. La de mi hermano, boticario de pueblo, se vería sólo ligeramente alterada. Pero entre tomates y muebles a medio restaurar, me preguntaba que qué pasará cuando todos necesitemos internet para trabajar, hacer la compra, asistir a clases… para vivir? ¿Qué pasará cuando necesitemos internet para ponernos en contacto con el Ayuntamiento, hablar con un diputado, poner una demanda en el juzgado? Qué pasará cuando la Democracia pase totalmente por el tamiz de internet? Pues que el acceso a Internet dejará de ser una opción en un paquete Trío o Dúo para pasar a ser un DERECHO constitucional, recogido entre los del trabajo y a la vivienda digna.
Me ha hecho gracia encontrar un movimiento en Chile para hacer constitucional el derecho a internet.